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sábado, 30 de junio de 2012

Vacaciones en Playa Blanca, Lanzarote

Hace años durante mis vacaciones me gustaba hacer turismo cultural. No todos lo entendían: pasarse horas andando para ver monumentos, quitar fotos de "piedras" como me decía un ser querido, volver de las vacaciones sin bronceado...
Ahora que, como me dijo un australiano que conozco, he "sentado la cabeza" (los australianos llevan muy mal el asentarse), con unos añitos más, una niña y un marido, lo que quiero hacer es sencillamente, descansar y desconectar.

Este año he repetido por primera vez, destino turístico, algo que siempre rechacé hacer. El sitio lo merece: Playa Blanca, en Lanzarote. Fuimos hace dos años y nos gustó. Estuve también en otras islas, pero de momento, ésta es mi favorita.
No voy a dar datos reflejados en webs y guías turísticas. Tan sólo explicar por qué la recomiendo y por qué no me importaría volver de nuevo.

Primera razón, es una isla que posee una espectacular naturaleza, hay muchos espacios naturales y geografía muy diferenciada: acantilados, volcanes, macizos montañosos, playas, (destacaría Charco de los Clicos y  acantilados)... Segunda razón, está menos masificada que otras: Al llegar hace dos años, lo primero que me llamó la atención fue ver que las casas eran blancas, relativamente pequeñas y que no se veían edificios altos. En otras palabras, se ha construido de forma horizontal en sitio de hacerlo en sentido vertical. Incluso en las zonas más turísticas, los hoteles grandes se "esparcen a lo ancho" en sitio de crecer hacia lo alto. Al estar la isla menos masificada, es más tranquila y, en general, los hoteles están mejor acondicionados que en otros destinos más populares. Para los que tenemos niños, hay algunos muy buenos hoteles para familias, que ofrecen actividades para pequeños y grandes.
La mejor zona para alojarse es Playa Blanca, menos ventosa que otras, estupendamente cuidada y con mucha oferta de actividades, (diferentes trayectos en barco, clases de submarinismo, posibilidad de practicar snorkel o vela, alquiler de bicis...).  Por cierto, lo más económico es contratar directamente con las compañías que organizan las actividades.

Hay un paseo marítimo todo a lo largo de la costa muy cuidado y con hermosas vistas: empieza (o acaba, según se mire) en la Playa de las Coloradas;  atraviesa un precioso puerto deportivo en que hay asimismo un centro comercial (de nuevo, no se trata de un gran edificio, sino de una zona comercial "esparcida" por una amplia área); continúa pasando por delante de varias pequeñas playas; deja atrás el centro del pueblo de Playa Blanca y sigue bordeando pequeñas calas (algunas rocosas), hasta llegar al otro extremo, Montaña Roja. Los hoteles de categoría superior están cercanos al paseo marítimo, los de categoría inferior están un  poco más alejados, (aviso: la zona en que están éstos últimos está algo peor mantenida). 

Algo que me maravilla son los contrastes. Un día fuimos a la primera de las playas del Papagayo: la arena era muy suave y blanca; al día siguiente nos quedamos en la Playa de las Coloradas: la arena era volcánica y negra, al igual que las piedras.

El clima es subdesértico, con lo que abundan los cactus de gran tamaño y formas variadas. Personalmente, me encantó la forma en que el blanco de las casas "choca" con el color oscuro de la arena y de la tierra, con el verde de los cactus y el vivo colorido de las flores a lo largo del paseo.

Como me resulta imposible hacer una selección pequeña de fotos de todo lo visto, limito mi selección de fotos a Playa Blanca: Por sí sola, esta zona merece una estancia de varios días. Las fotos están ordenadas escogiendo una playa de la Reserva Natural del Papagayo como punto de partida, para a continuación tomar el paseo marítimo que empieza en la Playa de las Coloradas y va en sentido contrario hasta Montaña Roja.


































sábado, 23 de junio de 2012

Volver a las aldeas de mis recuerdos

Como tantos niños que crecieron en los setenta en Galicia, soy hija de emigrantes y pasé mis primeros años con los abuelos en el rural. Cuando tenía siete años, mis padres se establecieron en Santiago, cercano a muchas aldeas.
Con 19 años, fui por primera vez a Londres como au­-pair (o lo que es lo mismo, a cuidar niños con una familia extranjera), para mejorar mi inglés. Allí me quedé extrañadísima al ver la reacción de sorpresa de los niños que cuidé al ver “en vivo” animales de granja, como gallinas, vacas, etc. La verdad es que no es tan raro como pensé en aquel momento… En una ciudad del tamaño y características de Londres, el campo queda muy lejos…
Por todo ello, me encanta “escaparme” de vez en cuando a esas aldeas en las que crecí, y proporcionarle a mi hija de 3 años la oportunidad de disfrutar de la naturaleza y de ver y conocer cómo se vive, (y por supuesto, cómo vivía yo cuando tenía su edad), en el campo.
Hace poco, nos “escapamos” una vez más. Fuimos a la aldea del abuelo Manolo: María vio vacas y terneros; vio a los terneros tomando, (y peleándose) por el “biberón”; vio gallinas y cogió los huevos que habían puesto (casi rompe un par, por el entusiasmo con que los echó en el recipiente en donde había que ponerlos); hizo un intento de cavar la tierra; cogió verdura y se la dio de comer ella misma a los animales; vio el tractor del tío-abuelo; jugó con los perros; pisoteó y saltó en el barro, (la norma es que con catiuscas se puede, con zapatos no); rodó prado abajo (mamá le enseñó, porque a ella le gustaba hacerlo cuando era pequeña, y por supuesto, mámá aprovechó también para rodar con ella)…
Ayer viendo las fotos, dijo que quería volver. Por supuesto, volveremos. María, al menos, disfruta mucho y a mí me encanta “volver” a las aldeas de mis recuerdos.














Vídeo de terneros tomando "biberón"; (grabado para los compis de María)

lunes, 16 de enero de 2012

Cine en casa para tres: “Enredados”; 2012, 15 enero

 Primera sesión de cine en casa incluyendo a María: Por supuesto, los mayores nos adaptamos a la peque y vimos “Enredados” de Disney, una versión de dibujos animados del cuento “Rapunzel”. Hubo que dar alguna pequeña explicación a la niña para que lo entendiese todo un poquito mejor, pero nos sorprendió la atención con la que siguió la película todo el tiempo. Se portó como una campeona, super atenta hasta el final... Y cuando acabó, quería más... Se han acabado las tardes de fin de semana sin pelis por no querer que María vea cosas no aptas. Nueva etapa: tardes de cine en casa apto para todos los públicos a partir de ya…